INFORMALIDAD
E ILEGALIDAD
Por Sofía Flores
En un país
acostumbrado a la informalidad como nosotros, guiado en los últimos 10 años
bajo intereses políticos y personales, es difícil plasmar una cultura de orden,
respeto, responsabilidad o cumplimiento a reglas, nociones básicas para el
desarrollo de una sociedad y el progreso
de un país.
Lo peor
viene cuando el mal de la informalidad esta tan insertado en las costumbres, lo
cual nos demuestra la total negligencia e indiferencia de los gobiernos de
turno quienes haciéndose la vista gorda
permitieron y hasta sus miembros, dirigentes, autoridades de cada región estuvieron como cómplices en
la ilegalidad con la repartija monetaria y correspondientes privilegios.
El caos de
la informalidad en el sector minero solo
es una medida del malestar general por un lado mineros trabajando al margen de
la ley indiferentes al respeto del medio
ambiente, y un estado incapaz de ofrecer soluciones rápidas considerando la
burocracia vil de un sistema que ha permitido cimentar esta ilegalidad, porque
existieron y existen intereses personales y/o políticos dentro del gobierno,
sin importar el futuro de nuestro país.
Trabajar
al margen de la ley es una característica
de nuestra mal llamada acriollada cultura, a nivel general es estrecho el
porcentaje de empresarios forjadores de progreso cumpliendo las leyes enfrentándose
al camino arduo entre burócratas, falta de leyes adecuadas y los fariseos legales buscando sacar provecho.
Pero hay
aquellos cuyo egoísmo e incapacidad solo
se permiten el camino corto, haciendo trampas, explotando, engañando, robando, aprovechándose de las necesidades ajenas, lucrando con el trabajo de otros, este es el sector mal llamado acriollado donde el vivo es el rey y son estos quienes cínicamente
dirigen el dedo acusador para denunciar corrupción, o limpiarse con alguna
dadiva por caridad, ensuciándose más con la conciencia del dinero mal habido.
Ante esta
calamidad el estado calla porque existen
miembros de su partido o aliados
pertenecientes a este sector, defienden sus intereses, pero olvidan el compromiso hacia los millones
de peruanos que sufren las consecuencias de esta informalidad.
Ante esta
tragedia lo único accesible a los peruanos son las asociaciones y sindicatos
con el correspondiente peligro de la politización de sus dirigentes, muchos de
ellos con ideologías dispuestas a sacar provecho con la fallas del sistema democrático.
En un fondo
sombrío está el ministerio de trabajo
cuya misión es velar por defender el trabajo de los peruanos y que se cumplan las leyes, pero solo existe una infraestructura incapaz de cumplir una labor pagada por todos los peruanos.
La gran transformación
ofrecida por Ollanta a toda la masa trabajadora es un fracaso disfrazado de
engaño, Ollanta y su esposa Nadine solo son personajes más en la casa de
gobierno gozando entre el lujo mientras una nación se defrauda más de una democracia que debería
ser para el pueblo, pero es solamente para unos pocos.