jueves, 3 de octubre de 2013


INFORMALIDAD E ILEGALIDAD

Por Sofía Flores

En un país acostumbrado a la informalidad como nosotros, guiado en los últimos 10 años bajo intereses políticos y personales, es difícil plasmar una cultura de orden, respeto, responsabilidad o cumplimiento a reglas, nociones básicas para el desarrollo de una sociedad  y el progreso de un país.

Lo peor viene cuando el mal de la informalidad esta tan insertado en las costumbres, lo cual nos demuestra la total negligencia e indiferencia de los gobiernos de turno quienes haciéndose la vista gorda  permitieron y hasta sus miembros, dirigentes, autoridades  de cada región estuvieron como cómplices en la ilegalidad con la repartija monetaria y correspondientes  privilegios.

El caos de la informalidad en el sector minero  solo es una medida del malestar general por un lado mineros trabajando al margen de la ley  indiferentes al respeto del medio ambiente, y un estado incapaz de ofrecer soluciones rápidas considerando la burocracia vil de un sistema que ha permitido cimentar esta ilegalidad, porque existieron y existen intereses personales y/o políticos dentro del gobierno, sin importar el futuro de nuestro país.

Trabajar al  margen de la ley es una característica de nuestra mal llamada acriollada cultura, a nivel general es estrecho el porcentaje de empresarios forjadores de progreso cumpliendo las leyes enfrentándose al camino arduo entre burócratas, falta de leyes adecuadas  y los fariseos legales buscando sacar provecho.

Pero hay aquellos  cuyo egoísmo e incapacidad solo se permiten el camino corto, haciendo trampas, explotando, engañando, robando,    aprovechándose de las necesidades  ajenas, lucrando con el trabajo de otros,  este es el sector mal llamado acriollado  donde el vivo es el rey y son estos quienes cínicamente dirigen el dedo acusador para denunciar corrupción, o limpiarse con alguna dadiva por caridad, ensuciándose más con la conciencia del dinero mal habido.

Ante esta calamidad el estado calla  porque existen miembros  de su partido o aliados pertenecientes a este sector, defienden sus intereses,  pero olvidan el compromiso hacia los millones de peruanos que sufren las consecuencias de esta informalidad.

Ante esta tragedia lo único accesible a los peruanos son las asociaciones y sindicatos con el correspondiente peligro de la politización de sus dirigentes, muchos de ellos con ideologías dispuestas a sacar provecho con la fallas del sistema democrático.

En un fondo sombrío  está el ministerio de trabajo cuya misión es velar por defender el trabajo de los peruanos  y que se cumplan las leyes,  pero solo existe una infraestructura  incapaz de cumplir una labor pagada  por todos los peruanos.

La gran transformación ofrecida por Ollanta a toda la masa trabajadora es un fracaso disfrazado de engaño, Ollanta y su esposa Nadine solo son personajes más en la casa de gobierno gozando entre el lujo mientras una nación  se defrauda más de una democracia que debería ser para el pueblo, pero es solamente para unos pocos.

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